Hoy ... ¡me quedé sin gobierno!

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Mariano Grumete
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Hoy ... ¡me quedé sin gobierno!

Mensaje por Mariano Grumete » Mar Ago 28, 2018 6:26 pm

Hoy... ¡me quedé sin gobierno!
No es algo habitual pero puede suceder. Y seguramente, cuando pase, usted no estará preparado para ello. Generalmente no es fácil solucionarlo pero los relatos y la opinión de navegantes que han vivido la experiencia le serán útiles para saber qué hacer y qué no en ese momento.

Experiencias de Hernán Luis Biasotti
Si mal no recuerdo, me quedé sin timón cinco veces y en barcos muy diversos, tres a vela y dos a motor. El lector pensará ¡qué barbaridad, el timón se rompe a cada rato! Y si uno las relata todas juntas, peor todavía. Pero no es para tanto, la primera vez fue cuando era adolescente, y la última hace varios años. Y si tomamos en cuenta que he pasado la mayor parte de mis días navegando, la incidencia de este accidente es muy baja. Menos mal, porque quedarse sin gobierno es cosa seria.

En Dinghy
Con mi Cadet, el Aku-Aku, corría las regatas de octubre de 1966 en la laguna de San Pedro. Como corresponde a la primavera, soplaba fuerte y arrachado. Mi tripulante era liviano y adrizábamos a duras penas colgados de las lingas, yo corregía las orzadas violentas dando cañazos. La pala del timón era de plancha de aluminio, levadiza. En una ráfaga, se degolló a ras de las cacholas de madera. Sin gobierno, nos fuimos a la orza y tumbamos. Volvimos al club pasados por agua, con las velas medio filadas y timoneando con el remo. Nada importante, cosas de chicos. A través del tiempo, veo que estaba forzando el barco y maltratando el timón; debería haber restado potencia a la mayor para evitar la tendencia a orzar. Además, siempre sospeché que la pala se había levantado y trabajó en posición horizontal, en la cual no puede resistir el brazo de palanca. Con ese viento, tendría que haberme asegurado de que la pala no podía levantarse sola. Bueno, a los trece años de edad a uno todavía le falta adquirir mucha experiencia ¿no? Pero el barquito maravilloso llevaba consigo la gran experiencia de Jack Holt, su dibujante, que lo hizo insumergible y adrizable e incluyó en su escaso equipo obligatorio el remo y el fondeo, dos instancias válidas para no quedarnos al garete.

En un 23 Pies
Con el Amadeus, un Pandora 23, iba desde el Club de Veleros Barlovento a Punta del Este el domingo 28 de diciembre de 1986. Al sur del cerro de Montevideo soplaba fuerte del este y a las cuatro de la madrugada de una noche oscura, Martín Benveniste, mi tripulante, me avisa que se rompió el timón. Ojalá hubiera sido una broma del día de los inocentes, pero no. Martín asía la caña con las dos manos mientras la pala bailaba loca en el espejo sostenida solamente por el tintero superior. Hubo que sacarla y amarrarla sobre la cubierta. Añadimos a los dos cabos de fondeo que teníamos, todos los cabos de amarra, las escotas del genoa y el calabrote. Así, con ciento y pico de metros de cabo intercalados por dos cadenas, fondeamos convenientemente en ese río agitado a hacer guardias por turnos y descansar hasta la salida del sol. A las diez de la mañana, el viento amainó a fuerza 3 y nos permitió bordejear con un timón de fortuna hecho con un remo del gomón amarrado al tangón, que a su vez amarramos al balcón de popa. Así anduvimos bien hasta las 13.30, luego el viento aumentó a fuerza 5 con marejada y corriente en contra. Viramos, y lo corrimos con el foque solo rumbo a Puerto Sauce. Arreció a fuerza 6 del sudeste, cambiamos el foque por tormentín y pusimos el calabrote a remolque, mantuvimos un promedio de cuatro nudos de velocidad y barrenábamos a seis gobernando sin esfuerzo. Entramos al puerto por nuestros propios medios el lunes 29 a las tres de la madrugada. Inmediatamente encargamos, a un herrero del pueblo, herrajes provisorios de hierro.
En Punta del Este los cambiamos por un juego nuevo de acero inoxidable que nos envió por gentileza el astillero Patricio Marco ya que estaban fabricando una nueva serie de herrajes más fuertes.

En Crucero
En un crucero Pagliettini 85, el Thomond III, nos quedamos sin gobierno en septiembre de 1981 volviendo a Punta Chica de un paseo por el Paraná de las Palmas. Como tenía dos motores dentro-fuera, no poseía palas de timón sino que gobernaba con las hélices, tal como los motores fuera de borda. Ambas van sincronizadas por una barra trasversal que las une entre sí, y ésta va unida a un pistón hidráulico. El sistema falló y el pistón no se movía, entonces lo desconecté para poder orientar las patas moviendo a mano hacia una u otra banda la barra trasversal. Eso es fácil de hacer en punto muerto, pero la fuerza era enorme con las hélices girando y no se podía controlar. Quité los dos aparejos de cuatro vueltas de cabo de los pescantes del chinchorro e hice firme cada uno a las aletas del barco, en el balcón de popa. Luego uní cada aparejo a las puntas respectivas de la barra trasversal. Comenzamos a gobernar con los cabos como si fueran las riendas de un carro. No eran fáciles de sostener en la mano por lo cual amarramos uno de los chicotes al medio del mango del hacha de mano, y el otro a una llave francesa. De ese modo, sosteniendo cada cabo como si fuera un manillar de esquí, entre dos personas y a marcha lenta pudimos regresar al amarradero, tarde pero seguros.

En un Trawler de 80 pies
El 27 de julio de 2002 yendo a Río de Janeiro, en el medio del golfo de Santa Catarina y mientras soplaba de popa un frente frío de fuerza 8, se quedó loco el timón del Lady Ariana, un trawler de acero de 80 pies de eslora. Se había perdido todo el fluido hidráulico. Teníamos dos motores con línea de ejes, así que teóricamente se podía gobernar a máquina. Pero en la práctica era imposible hacerlo a favor del viento con mar arbolada.

Puse el barco a la capa. El mar estaba muy bravo y escorábamos mucho pero con el motor de sotavento a pocas revoluciones y el de barlovento en punto muerto, capeaba bien y se mantenía estable recibiendo el viento por una amura. Así estuvimos largas horas mientras un tripulante habilidoso, Oscar López “El Foca”, pudo remplazar el O-ring falluto. Si bien veníamos timoneando desde la timonera interna, tuvimos que trabajar en el comando del fly para reparar el desperfecto. Allá arriba “El Foca”, enfundado en el traje de neoprene que le valió tal seudónimo, reptaba en un charco resbaladizo de fluido hidráulico rojo mientras yo, agarrado con uñas y dientes lo sostenía de los pies para que no saliéramos volando como chorizo en fuente de loza. Al menos sucedió de día. Siempre digo que después son lindos recuerdos, pero en el momento ¡Te la regalo!

En una Goleta de 40 pies
Lo mismo puedo decir de la rotura del timón de la Rocío, goleta diseño de Chiappini, de 40 pies. Sucedió el 18 de agosto del mismo año, 2002, volviendo al Río de la Plata desde Angra dos Reis. Antes de zarpar de allá, yo había recorrido el barco y había hecho soldar una varilla del batículo, y desatascado y lubricado los guardines del timón, que giraban con dificultad. Aparentemente no había otras fallas. Pero el conjunto de herrajes debía estar fatigado, pues 55 millas al SE de Río Grande, el tintero inferior se arrancó. Yo dormía, fuera de guardia. Mi tripulante, Andrea Dalben, una chica menudita pero muy deportista y valiente, había quedado al timón con viento fuerte de popa. El barco iba bien equilibrado, velado solamente con el trinquete rizado y el foque reducido con enrollador a tamaño tormentín. A las 5.00, todavía de noche, me llamó para avisarme que se había arrancado la pala del timón. Como la del Pandora 23, había quedado sostenida del espejo por el herraje superior hecho un firulete, pero no era fácil de recuperar porque teníamos timón de rueda y había que librarse del sector de círculo y los cables de acero para sacarlo por debajo del batículo que sostenía una plataforma de popa.

Para hacer corta la historia, tras mucho cinchar logramos sacarla del mar y amarrarla firmemente sobre cubierta. Armé un remo gigante con tablas del piso atadas al tangón y conseguimos continuar nuestro rumbo varias horas pero el barco era realmente incontrolable tanto a motor como a vela. Hay que tener en cuenta que una cosa es gobernarlo cuando existe una pala de timón amarrada al medio, y otra cuando falta por completo ese plano de resistencia lateral en popa; ese barco ni siquiera tenía skeg (aleta fija delante de la pala del timón). En barcos de quilla larga y poco francobordo se mantiene mejor un rumbo, pero éste tenía demasiada obra muerta, casco muy boyante y fondo muy chato. Era un trompo. Llovía, a medianoche llegamos hasta donde había treinta y cinco metros de profundidad y fondeamos, ya se imaginan con qué cantidad de cabo.

Estábamos cerca del banco de Albardão, por el través del Farol da Verga. El tiempo empeoraba y teníamos pronóstico de viento fuerte del sudeste. Quienes me conocen saben que soy partidario de la autosuficiencia pero conozco los límites. En ese caso lo prudente era ver si conseguíamos remolque. Hicimos una llamada general a los buques que navegaban en nuestras inmediaciones rumbo a Río Grande a ver si conseguíamos un remolque lento hasta ese puerto. Se acercó el Sigas Mariner, un buque chico. Su comandante, el capitán Andreij, ruso, entendía de veleros y solidariamente nos ofreció remolcarnos a no más de siete nudos. ¡Esos son los hombres de mar que honran la profesión del marino! ¡Bravo por él!

Durante el remolque largamos todos nuestros cabos por la popa para evitar las guiñadas, pero era incontrolable, nuestro trompo era ahora un barrilete sin cola. Agregamos el bote de goma hecho un paquete y no era suficiente. Tuvimos que pedirle prestado al buque un calabrote de esos monstruosos, grueso como una boa y de ciento ochenta metros de largo para llevarlo a la rastra.

Las reparaciones que se hicieron en Río Grande antes de continuar el viaje fueron excelentes, encargamos herrajes el doble de gruesos.

Conclusiones y Recomendaciones
Los timones que tienen palas compensadas, como los de los veleros de las experiencias, –o sea que una porción de la superficie está más a proa que la mecha o eje de giro– son dóciles para timonear pero cargan enorme esfuerzo en los herrajes. Éstos tienen que ser fortísimos y si hay sospechas de fatiga del metal, directamente hay que renovarlos.

En los cruceros a motor el talón de Aquiles es el circuito hidráulico. Sería bueno pergeñar algún sistema de gobierno mecánico de alternativa. Los veleros tienen cañas de timón de fortuna, sin duda puede adaptarse un sistema similar al menos para los yates a motor que poseen palas de timón.

En cuanto a los aritos de goma que llamamos O-rings, los conectores y otros accesorios del circuito, es útil verificar qué medidas se necesitaría en caso de tener que reemplazarlas, ármese un kit de reparaciones y tenga un botellón del líquido correspondiente a bordo. Si no consigue armarlo usted, lo armará el mecánico pero tendrá andado medio camino a la solución.

Experiencias de Marcelo Ossó
En un velero de 36 pies
Navegando en un Pilot 36 yendo hacia Uruguay, unas 4 millas después de pasar el Mitre, el timonel notó que la rueda se ponía dura, en principio pensó que podría haberse activado sin querer el piloto automático pero al comprobar que no era así, cometió el error de forzar la rueda y allí sí sentimos un ruido metálico y el velero automáticamente se fue al viento.

Sabiendo que había ocurrido algo con el timón, arriamos inmediatamente las velas y fondeamos. El viento era de unos 15 nudos y había algo de ola por lo que meterse en la zona donde están lo guardines no era nada agradable. Luego de elegir al miembro más pequeño de la tripulación para que inspeccionara lo que había ocurrido, salió un poco mareado, con la desagradable noticia: los guardianes de cable de acero se habían salido de las guías.

El trabajo no era muy complicado de hacer pero el movimiento del barco dificultaba mucho cualquier reparación. Si eso nos hubiera ocurrido a muchas millas de un puerto, no hubiéramos tenido otra alternativa que reparar la avería allí pero al encontrarnos cerca de la costa argentina optamos por instalar una pequeña caña de metal que se puede colocar en el sector del eje que sale en cubierta y mediante un aparejo a los molinetes que controlan las escotas, pusimos rumbo al puerto de Buenos Aires.

Optamos por fondear en el antepuerto ya que entrar al Yacht Club Argentino era un riesgo innecesario por lo limitado de nuestra maniobra. Con el agua quieta pudimos volver a poner los guardines en las guías sin mucha dificultad y darle la tensión necesaria que calculo fue el problema por el que se habían salido de sus guías. Chequeamos la reparación yendo y viniendo a motor por el antepuerto y cuando vimos que todo estaba en orden, volvimos a poner proa a Punta del Este con ocho horas de retraso.

En un velero de 34 pies
Navegando en un Victory 34 a la altura de La Panela con viento de unos 25 nudos, uno de los tripulantes, de 1.90 metros de altura y más de 100 kilos se tropezó al pasar la guardia y cayó con todo su peso sobre la caña de madera, quebrándola a la altura del las cachas de inoxidable por lo que quedaron unos 30 centímetros agarrados al eje. Inmediatamente el velero se puso al viento y fue imposible controlarlo.

Arriamos las velas y por el oleaje, no consideramos una buena idea fondear así que improvisamos un ancla de mar con el tangón y el tormentín para que el velero pusiera proa a las olas y de esa forma tener una cierta estabilidad para ver cómo encarar la reparación.

Lo primero que hicimos fue hacer firme un cabo al extremo de caña que había quedado y mediante las pastecas de la brazas del spinnaker, dirigirlo a las cornamusas. De esa forma la caña quedó a la vía y con un movimiento mínimo.

Comenzamos a ver qué elementos teníamos a bordo para improvisar una caña y qué herramientas para hacer el trabajo. Ambas cosas eran escasas.

Finalmente optamos por volver a poner el pedazo de caña que se había roto juntando ambos extremos de madera astillada, y entablillarla al igual que se hace con las quebraduras de hueso, cortando el bichero en dos y haciéndolo firme cada costado de la caña, para eso encontramos varias abrazaderas de metal que por suerte tenían el diámetro suficiente para abarcar la caña y el bichero. Luego hicimos firme un cabo al extremo de la caña junto al eje y fuimos envolviendo todo el conjunto como un matambre para darle más rigidez.

Cuando vimos que había quedado bastante firme optamos por izar solo un foque y ayudado con el motor hicimos rumbo a Buceo donde podíamos encarar el reemplazo de la caña en los talleres del Yacht Club Uruguayo. Los hábiles carpinteros en dos días hicieron una nueva caña y pudimos seguir viaje.

Experiencia de Fernando Fabersane
En un Lightning cabinado
Fue hace mucho tiempo; yo era un adolescente. Podíamos cruzar el canal Emilio Mitre de manera más informal. Usábamos como referencia el “marciano” que se encontraba frente a Núñez. Nuestra navegación era mucho más simple, los barcos contaban con compás, escandallo y pínula. El boyado era pobre; las boyas llevaban unos tubos de acetileno para iluminar, que el barco balizador recambiaba no siempre a tiempo.

Me había invitado a navegar Pablo, como ya lo había hecho generosamente en varias oportunidades. Con Pablo descubrí muchos trucos de viejo marino que aún hoy utilizo.
Nos encontrábamos en esta oportunidad regresando del puerto de Colonia, el viento era del cuadrante SE, establecido. Como el viento llevaba varias horas soplando, el río estaba temperamental, demostraba su energía, su poderío.

El barco navegaba velozmente, barrenaba, crujía, y cada tanto se cruzaba. Nos turnábamos al timón más o menos cada dos horas. No existía, como hoy, el piloto automático; se timoneaba siempre a mano. La ciudad de Colonia se iba perdiendo en el horizonte. Un rato después comenzaban a aparecer las torres más altas de Buenos Aires. Yo iba al timón; el timón me pedía brazos fuertes, costaba llevarlo. El viento aumentaba, y el barco reaccionaba y corría sobre las olas. Pablo sonriendo me dijo: “Vamos a hacer un tiempazo en este cruce”.

Un rato después sentí el cansancio en los brazos, el timón estaba pesado, y le dije al Capi que se estaba poniendo difícil llevarlo. Pablo buscó un par de cabos pequeños para oficiar de matafiones y tomar un rizo. El barco barrenó una ola grande y el timón se puso liviano, muy liviano… Llamé rápidamente mientras una nueva ola, por popa, hizo barrenar al barco y salir en una orzada violenta. Entonces vimos desprenderse la pala de timón y nos quedamos sin gobierno.

Con sabiduría y aplomo, Pablo aseguró:”Al barco no le entra agua, no te preocupes, no pasa nada”. Seguramente ya había advertido mi cara de preocupado. Arriamos las velas, las adujamos y fondeamos con mucho cabo; el barco se sacudía mucho y las olas mojaban la cubierta. El capitán creyó que era un buen momento para tomar un té caliente y ordenar el interior del barco, los cabos que usamos en Colonia se merecían un buen aduje. Así lo hicimos y, al rato, todo se veía mejor.

Un par de horas después el viento bajó de intensidad, y comenzaron a verse las primeras luces de Buenos Aires. Izamos una vela en proa, tomamos dos rizos a la vela mayor y con un remo en popa describimos varios círculos en un sentido, varios en otro, algunas curvas, hasta que aprendimos a llevarlo. Lentamente, nos hicimos amigos del barco, como dijo Pablo.

Y así fue que bien entrada la noche arribamos al puerto de Olivos, pedimos una cortesía y terminó nuestro viaje. Obviamente los timones no sufren ni se rompen con viento de 8 nudos y mar serena. Los timones fallan con mal tiempo y viento duro, y es entonces que debe reinar la sabiduría y la templanza del capitán.

Hoy muchos años después, ya hecho un hombre, recuerdo con cariño esa vivencia, el té caliente y el tiempo necesario para recobrar la templanza y pensar claramente. Va desde aquí mi agradecimiento a Pablo, por sus enseñanzas, y a su inolvidable barco, llamado Coral, que quedará en mi memoria.

23/08/10
BIENVENIDO A BORDO

http://www.nuestromar.org/noticias/mar_ ... n_gobierno

Link subido por otro forista.

Alpino Fitz
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Re: Hoy ... ¡me quedé sin gobierno!

Mensaje por Alpino Fitz » Mar Ago 28, 2018 6:48 pm

cuando leí el titulo pensé en macri y el dolar a 32.

Albo
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Re: Hoy ... ¡me quedé sin gobierno!

Mensaje por Albo » Mar Ago 28, 2018 6:54 pm

33. Le pifiaste.....!jaaa

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Mariano Grumete
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Re: Hoy ... ¡me quedé sin gobierno!

Mensaje por Mariano Grumete » Mar Ago 28, 2018 7:05 pm

cuando leí el titulo pensé en macri y el dolar a 32.
Jaja. Lo hubiese puesto en el OT ... ;) 8-)

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Larry
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Re: Hoy ... ¡me quedé sin gobierno!

Mensaje por Larry » Mié Ago 29, 2018 8:47 am

Alpino Fitz escribió:
Mar Ago 28, 2018 6:48 pm
cuando leí el titulo pensé en macri y el dolar a 32.
Pensè exactamente lo mismo. Entrè con toda la intenciòn de darle a Grumetìn una cucharada de su propia medicina diciendole :
" Hay un subforo para esas opiniones.....Cordiales Saludos " :lol: :lol: :lol: :lol:
Larry

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Mariano Grumete
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Re: Hoy ... ¡me quedé sin gobierno!

Mensaje por Mariano Grumete » Mié Ago 29, 2018 12:18 pm

Pensè exactamente lo mismo. Entrè con toda la intenciòn de darle a Grumetìn una cucharada de su propia medicina diciendole :
" Hay un subforo para esas opiniones.....Cordiales Saludos " :lol: :lol: :lol: :lol:
:lol: :lol: :lol: :lol:

Alberto1
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Re: Hoy ... ¡me quedé sin gobierno!

Mensaje por Alberto1 » Mié Ago 29, 2018 12:48 pm

Buenísimas reseñas!
Gracias Mariano por compartir.
Siempre es uno de mis temores, el quedarme sin timón.

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Mariano Grumete
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Re: Hoy ... ¡me quedé sin gobierno!

Mensaje por Mariano Grumete » Mié Ago 29, 2018 1:45 pm

No se si advirtieron que hay dos episodios relatados por el Administrador del sitio.
Quizás tenga ganas de ampliar en este post la descripción de los hechos, queda a invitarlo a hacerlo, como si fuera su propia casa :lol: :lol: :lol:

rober1489
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Re: Hoy ... ¡me quedé sin gobierno!

Mensaje por rober1489 » Mié Ago 29, 2018 7:59 pm

Muy buenos relatos, enriquecedores!!!!!!

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